Lo que debes saber sobre los gimnasios low cost

Antes de apuntarte a uno, te cuento lo que debes saber sobre los gimnasios low cost.

Desde hace unos años, los gimnasios low cost o gimnasios baratos se han hecho fuertes y cada vez hay más en nuestras calles. La oferta no para de crecer. Y es que este tipo de gimnasios resultan muy atractivos por las bajas tarifas que ofrecen y por la amplitud de horarios.
De hecho, los gimnasios tradicionales, esos que están regentados por un deportista de toda la vida y que a simple vista no son “tan bonitos” han visto reducirse su público hasta niveles preocupantes y algunos han tenido que echar el cierre porque no pueden competir con los precios de esta nueva raza de gimnasios.

 

Por qué son tan baratos los gimnasios low cost

La “ciencia” que está detrás de los gimnasios baratos es muy sencilla: se basa en reducir los costes al mínimo para obtener los máximos beneficios. Por “reducir los costes” se entiende contar con menos personal, tener una infraestructura básica y cobrar por servicios que habitualmente son gratuitos, como la ducha.

El bajo precio es el gancho que lleva a la mayoría de las personas a apuntarse a estos gimnasios. Pero conviene examinar a fondo las ofertas, porque esas tarifas suelen incluir un compromiso de permanencia.

 

Precios bajos con condiciones

La mayor parte de los gimnasios low cost ofrecen tarifas que rondan los 20 euros al mes. Un precio de risa, considerando que en mi primer gimnasio pagaba 30 euros al mes (5000 pesetas, concretamente) y eso fue ya hace más de 20 años. Claro que en mi primer gimnasio no debía pagar un año por adelantado ni comprometerme a acudir sólo en un horario restringido. Podía ir cuando quisiera, había un monitor que más que un monitor era un entrenador personal y todos éramos una pequeña-gran familia que nos ayudábamos los unos a los otros. Nos podíamos duchar gratis, usar la sauna cuando nos diera la gana y en navidades nos regalaban unas camisetas muy molonas con el logo del gimnasio.

Los gimnasios low cost suelen exigirte que te apuntes por un año entero para beneficiarte de sus tarifas. En principio, no parece que eso esté nada mal, pero la vida da muchas vueltas y nadie te puede asegurar que te apetezca seguir yendo a ese gimnasio durante un año. De todas formas, decidas lo que decidas, habrás pagado un año.

Los que vamos habitualmente al gimnasio sabemos que todo el mundo empieza con muchas ganas pero que, a los pocos meses, la gente deja de ir. Los dueños de estas cadenas de gimnasios también saben que la mayoría de los que se apuntan y pagan la cuota anual por adelantado abandonarán antes de que cumplan un año. Ahí está el negocio.

La cuota no suele incluir servicios básicos como la ducha, que se paga aparte y por minutos. Las clases colectivas, si es que las hay, tienen un precio que debes abonar por separado.

Otra de las condiciones de algunos gimnasios low cost para que puedas beneficiarte de sus precios es que acudas en un horario determinado. Te podrás imaginar que son horarios en los que acude muy poca gente y suelen coincidir con tu jornada laboral o con tus clases, por lo que no te queda más cáscaras que pagar un poco más para poder acceder a la hora que tú quieras.

 

Amplios horarios y horas punta

Una de las ventajas de estos gimnasios baratos es que tienen un amplio horario de lunes a domingo, habitualmente de 6 de la mañana a 12 de la noche, algo que otro tipo de gimnasios no se pueden permitir si quieren dar algún descanso a su personal.

La hora punta empieza a eso de las 6 de la tarde. Las máquinas de cardio suelen estar ocupadas a partir de esa hora y es difícil encontrar una libre. Lo mismo sucede en la sala de musculación. Por eso te recomiendo que mires bien tu horario de estudio o de trabajo y que, antes de apuntarte, te pases por el gimnasio a esas horas para echar un vistazo al nivel de ocupación. No hay nada más frustrante que ir a entrenar y no poder hacerlo.

 

Muchas máquinas y poco peso libre

En mi opinión, el peso libre es fundamental en la rutina de entrenamiento. Los gimnasios low cost no se caracterizan precisamente por tener una gran variedad de peso libre. La mayoría ocupan sus metros cuadrados con máquinas, tienen un mancuernero casi de juguete y muy pocos discos, por no hablar de la ausencia de la jaula o rack para sentadillas. Tampoco hay variedad de barras ni de bancos. La zona de peso libre suele ser un cuadradito minúsculo mal equipado e insuficiente.

En estos gimnasios tus entrenamientos pueden reducirse a ir de máquina en máquina, algo que resulta bastante aburrido, entre otras cosas. El peso libre te permite tantear tus límites, probar infinidad de ejercicios, mejorar tu propiocepción y afinar tu técnica. Las máquinas están bien para algunos momentos, pero si entrenas exclusivamente con ellas te estarás perdiendo un universo increíble de ejercicios y sensaciones.

 

¿Quién me hace las tablas de entrenamiento? ¿Dónde está el monitor?

Los gimnasios low cost, como te comentaba al principio, basan su estrategia en la reducción de costes. Y eso no sólo implica que tengas que pagar por ducharte y que las máquinas sean muy normalitas; también significa que recortan en recursos humanos.

Hay gimnasios de estos que ni siquiera tienen un instructor de clases colectivas; es una pantalla gigante la que te indica qué debes hacer. Otros, por fortuna, todavía siguen teniendo a un “humano” que se hace cargo de la clase.

Para ajustar gastos, en algunos de estos gimnasios el monitor de sala es una figura inexistente que se sustituye por tablas de entrenamiento plastificadas que supuestamente deben de servirle a todo el mundo. En otros, el monitor es un chaval agobiado que se pasa de cuando en cuando por la sala para comprobar que todo va bien, pero que durante su jornada tiene que ocuparse de tropecientas cosas más. No está allí para enseñarte, ni para diseñarte una rutina a medida, ni para ayudarte. Y no porque no quiera, sino porque no es su función.

Esto, junto con la escasez de peso libre, es uno de los puntos flacos de estos gimnasios que desde luego se quedan cortos si lo que pretendes es tomarte el entrenamiento un poco en serio.

Los gimnasios low cost pueden resultar muy interesantes si tus objetivos deportivos no son demasiado elevados y si lo que buscas es poco más que ponerte un poquito en forma y quitarte las telarañas. Para un entrenamiento más serio, sin duda te recomiendo un gimnasio tradicional, entendiendo por “tradicional” aquellos que cuentan con un buen equipamiento de pesos libres, un monitor de sala y un ambiente adecuado para desarrollarte como deportista.

Por supuesto, todo va en gustos, y un gimnasio de estos puede venirte muy bien para un apuro. Si tienes conocimientos sobre entrenamiento, mucha imaginación y te armas tus propias rutinas, puedes sacarle algún partido.

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